Hace mucho que no publico, pero tampoco tengo mucho tiempo para ello.
Hoy se me hace necesario decir unas palabras, aunque puede que me repita en mi discurso. No existe nada más doloroso que la perdida de un ser querido, ya sea humano o animal. Un ser que te ha acompañado a lo largo de los años (o tu vida), apoyándote en todo momento.
El mejor homenaje que se le puede hacer, es sonreír por todo el tiempo vivido y recordar, cada instante, esos momentos que más te hicieron reír. Aquellos anécdotas que con solo pensar en ellos, esbozas una sutil muestra de alegría... sin quererla. Te transmite una ternura que no se puede describir con palabras. Atesorar esos recuerdos, que mientras vivas, seguirán ardientes dentro de tus entrañas. Proporcionándote una extraña calidez, triste pero que a su vez, se siente agradable.
No existe nada más bonito, que poder vivir en este mundo. Poder sentir cada golpe, cada error, cada puñalada. Porque sin ellas, no podríamos seguir adelante y luchar, día a día. Por tratar de esbozar una sonrisa, donde solo se pueden encontrar llantos y desesperación. El tiempo es el mejor curandero, llegará un día que sonreír no te será un esfuerzo, te saldrá de forma natural. Las grietas de tu corazón sanaran. Podrás salir de esa oscuridad en la que te sientes inmerso, y una vez empiezas a salir, sientes la necesidad de saber que habrá más allá. De encontrar la luz, el sitio ideal. El clímax perfecto donde tu cuerpo y mente estarán en armonía y nadie será capaz de quebrantarlo.
Te encontrarás tan a salvo, que podrás apartarte de cualquier tipo de barrera protectora. Ya que te encontrarás en tu propio paraíso. Al que nadie podrá acceder, ni corromper.
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miércoles, 20 de mayo de 2015
lunes, 27 de abril de 2015
#61
Empiezan los días largos y de bochorno. Empieza la época que introduce la estación que más odio. Que me hace sentir más débil y frágil de lo normal, que cada año que pasa es peor. Meses en los que ansío volver al cruel frío del invierno, que me hace revivir.
Lo que más odio del verano, es el ir paseando por la calle y sin razón alguna... empezar a desvanecerme. Mi cabeza empieza a delirar y he de ir caminando más lento, mientras la respiración me va más pausada. El calor y el sol me absorben la vida y he de esperar, a que este se vaya, para poder ir tranquila por la calle, sin miedo a "esto" o a lo "otro". Es como una especie de cárcel de la que no puedo escapar. Y por las noches la tortura no termina, no. Cuando toca ir a dormir, la humedad del ambiente, no me deja pegar ojo. Y esta época de ""relax"" se convierte en una especie de juego de supervivencia, que cada año se torna más complicado de superar.
La cuenta atrás ha empezado.
Lo que más odio del verano, es el ir paseando por la calle y sin razón alguna... empezar a desvanecerme. Mi cabeza empieza a delirar y he de ir caminando más lento, mientras la respiración me va más pausada. El calor y el sol me absorben la vida y he de esperar, a que este se vaya, para poder ir tranquila por la calle, sin miedo a "esto" o a lo "otro". Es como una especie de cárcel de la que no puedo escapar. Y por las noches la tortura no termina, no. Cuando toca ir a dormir, la humedad del ambiente, no me deja pegar ojo. Y esta época de ""relax"" se convierte en una especie de juego de supervivencia, que cada año se torna más complicado de superar.
La cuenta atrás ha empezado.
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miércoles, 3 de diciembre de 2014
#53
Aquella niña vacía, rondaba solitaria por la ciudad. Como de costumbre, con una libreta y un bolígrafo, donde narraba sus pequeñas y individuales aventuras. Sin nadie que la acompañara. Pero ella era feliz, a pesar de todo, tenía a su confidente cuaderno al cual le contaba sus secretos más confidenciales y boceteaba su vida imaginaría, con una sonrisa. Lo único capaz de llenar su solitaria vida eran las palabras.
martes, 2 de diciembre de 2014
#52
Buenas noches lectores, oficialmente, lo que más tiempo me ocupaba ha desaparecido (por momentos) y puedo tener un poco de aire para respirar. Y relajarme, pero no mucho. En esta entrada quería hablar sobre los viajeros.
Todo empezó un día de otoño-verano, volviendo a mi verdadera casa. Para ello, cojo todos los fines de semana un tren que me lleva a donde vivo, Gandia. Iba junto a mi compañera de piso a eso de la 1. Nos sentamos una frente la otra, debido a que yo me mareo con mucha facilidad con los transportes y, si voy al revés, lo paso bastante mal. Ella, se puso los cascos para escuchar música. En cambio yo estaba mirando el paisaje por la ventana, que pasaba de forma veloz a nuestro lado. Mientras miraba a la nada, mi cabeza empezó a preguntarse cosas a si mismas, muy absurdas, pero que hicieron que buscará mi libreta de bocetos, casi con ansiedad. Tenía miedo de dejar en el olvido mis interrogaciones, así que decidí apuntarlas y dejarme llevar por el lápiz, que era un simple subordinado de mi mano. En aquel momento, sentí que gravaba a fuego todas mis dudas en el papel de mala calidad de aquella libreta A4. Y el resultado de todas aquellas interrogaciones, las resumí en una ilustración, que quise titularla como "memorias de un viajero".
Una persona que viaja muy a menudo, como puede ser mi caso, durante el tiempo que transcurre el viaje, por nuestra mente pasan muchas ideas y pensamientos. Ya que de normal, el trayecto no es corto, suele ser largo. Y estar en una silla sentado, mirando la nada, te puede hacer recordar mil cosas o inspirarte, como me pasó a mi. Pensé en cual sería la razón de cada una de las personas que se encontraban en mi mismo vagón. Porque cogían mi mismo tren y hacía donde tenían intención de llegar. Estas cuestiones, me las suelo plantear muy a menudo, pero son preguntas que no tienen respuesta y que tampoco, me preocupan demasiado.
En la ilustración, decidí fundir el paisaje con la figura, ya que cuando viajamos se crea un vínculo casi efímero con el paisaje que se observa a través del grueso cristal de seguridad. Pero a pesar de ello, la conexión se establece, solo que es casi imperceptible, ya que puede durar menos de un segundo esa pequeña conexión. El tren sigue su ritmo, no se parará para que establezcas tus conexiones con cada paisaje o árbol que este en la naturaleza.
En fin, quería reflejar ese efímero vinculo que se establece tan rápido como se transforma en aire, para no volver a regresar jamás.
Espero que os guste la representación de ese momento. Y muchas gracias a todos los que seguís el blog, que seréis pocos. Pero bueno, step by step.
Saludos y feliz semana pequeños, besos.
Todo empezó un día de otoño-verano, volviendo a mi verdadera casa. Para ello, cojo todos los fines de semana un tren que me lleva a donde vivo, Gandia. Iba junto a mi compañera de piso a eso de la 1. Nos sentamos una frente la otra, debido a que yo me mareo con mucha facilidad con los transportes y, si voy al revés, lo paso bastante mal. Ella, se puso los cascos para escuchar música. En cambio yo estaba mirando el paisaje por la ventana, que pasaba de forma veloz a nuestro lado. Mientras miraba a la nada, mi cabeza empezó a preguntarse cosas a si mismas, muy absurdas, pero que hicieron que buscará mi libreta de bocetos, casi con ansiedad. Tenía miedo de dejar en el olvido mis interrogaciones, así que decidí apuntarlas y dejarme llevar por el lápiz, que era un simple subordinado de mi mano. En aquel momento, sentí que gravaba a fuego todas mis dudas en el papel de mala calidad de aquella libreta A4. Y el resultado de todas aquellas interrogaciones, las resumí en una ilustración, que quise titularla como "memorias de un viajero".
Una persona que viaja muy a menudo, como puede ser mi caso, durante el tiempo que transcurre el viaje, por nuestra mente pasan muchas ideas y pensamientos. Ya que de normal, el trayecto no es corto, suele ser largo. Y estar en una silla sentado, mirando la nada, te puede hacer recordar mil cosas o inspirarte, como me pasó a mi. Pensé en cual sería la razón de cada una de las personas que se encontraban en mi mismo vagón. Porque cogían mi mismo tren y hacía donde tenían intención de llegar. Estas cuestiones, me las suelo plantear muy a menudo, pero son preguntas que no tienen respuesta y que tampoco, me preocupan demasiado.
En la ilustración, decidí fundir el paisaje con la figura, ya que cuando viajamos se crea un vínculo casi efímero con el paisaje que se observa a través del grueso cristal de seguridad. Pero a pesar de ello, la conexión se establece, solo que es casi imperceptible, ya que puede durar menos de un segundo esa pequeña conexión. El tren sigue su ritmo, no se parará para que establezcas tus conexiones con cada paisaje o árbol que este en la naturaleza.
En fin, quería reflejar ese efímero vinculo que se establece tan rápido como se transforma en aire, para no volver a regresar jamás.
Espero que os guste la representación de ese momento. Y muchas gracias a todos los que seguís el blog, que seréis pocos. Pero bueno, step by step.
Saludos y feliz semana pequeños, besos.
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